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“Un fantasma se cierne sobre Europa: el comunismo”. Así comenzaba el Manifiesto Comunista en 1848, que cambió el rumbo de la historia de Europa y de la Humanidad, y despertó las conciencias adormiladas de obreros y patronos, intelectuales y políticos. El cronista de nuestros días podría comenzar su narrativa de igual guisa y similar retórica: Un fantasma, o mejor, una realidad -con diferentes nombres, 15-M, primavera árabe-, recorre las plazas y las calles del mundo entero: de Tahrir a la Puerta del Sol. El Manifiesto Comunista se cierra con la conocida convocatoria de “Proletarios del mundo, uníos”. Los actuales movimientos de protesta llaman a la ciudadanía al grito de “Indignaos de todo el mundo, reaccionad”. Los protagonistas son jóvenes de toda clase y condición, de todos los credos e ideologías. Esto desmiente la idea de pasividad de la juventud instalada en nuestro imaginario colectivo. Los jóvenes han conseguido crear un movimiento plural y atraer a él a numerosos sectores de la sociedad que estaban indignados pero no reaccionaban, que protestaban pero no hacían propuestas, que criticaban pero no pasaban a la acción, que se quejaban pero estérilmente. Hoy somos millones de jóvenes y adultos quienes participamos en las marchas y concentraciones, pero la juventud debe seguir llevando el timón del movimiento ya que lo conduce por la senda de la democracia real y está demostrando una responsabilidad mayor que los líderes y dirigentes de la economía y la política.

Los Indignados tienen razón y razones para reaccionar. Y las exponen argumentadamente, sin violencia, con buenos modales, asintiendo y disintiendo, defendiendo las propias ideas y escuchando y respetando las contrarias, en largos, intensos y disciplinados debates. He podido comprobarlo en las marchas del 15-M y del 19-J, en las asambleas de la Puerta del Sol y, por las informaciones recibidas, también en las de otras ciudades y pueblos.

¿Cuáles son sus razones, protestas y propuesta,? Aquí me centraré en los Indignados españoles. Dejo para otra ocasión las razones de la primavera árabe.

Reforma de la actual Ley electoral por injusta ya que penaliza a los partidos pequeños y premia a los grandes, y, lo más grave, no respeta el principio democrático “Una persona, un voto”. No todos los votos valen lo mismo.

.Democracia participativa a partir del clamor de los Indignados “Que no, que no nos representan, que no”. Una democracia en la que los ciudadanos y las ciudadanas nos reapropiemos de la política, la economía, la cultura, y no las dejemos en manos de los “profesionales”. Una democracia de base que no se reduzca a votar una vez cada cuatro años y a los debates parlamentarios, sino que se practique en las calles, las plazas, las escuelas, las universidades, los lugares de trabajo, la familia, las asociaciones, etc.

. Democracia económica frente a la dictadura de los mercados, que imponen sus políticas neoliberales a los gobiernos, incluidos los socialistas o socialdemócratas, a veces los más celosos ejecutores de la política voraz de los mercados. El mundo no puede seguir siendo un gigantesco mercado, ni los habitantes del planeta meros consumidores. Como rezaba una pancarta en Sol: “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”

. Lucha con instrumentos legales y penales eficaces contra la corrupción de los banqueros, los empresarios, los políticos, premiada con frecuencia, en un acto de irresponsabilidad, por la ciudadanía que, lejos de penalizar a los corruptos, los apoya con sus votos, elección tras elección y los aúpa al poder para que sigan delinquiendo.

. Contra los paraísos fiscales que perpetúan la injusticia fiscal y a favor de una justicia fiscal global; contra el Pacto del Euro, que supone importantes retrocesos sociales y democráticos, y a favor de políticas sociales favorables a los sectores más desprotegidos de la sociedad; contra las políticas neoliberales de ajuste que castigan con el paro en España a más de cuatro millones de personas, entre ellas, el 44% de la juventud, y por políticas de empleo en condiciones humanas.

No son protestas y propuestas desordenadas, alocadas, infundadas, peregrinas. Los Indignados han demostrado una gran capacidad de organización y sus propuestas están pegadas a la realidad que quieren transformar pacíficamente. ¿Y la violencia que ha apuntado en algunas manifestaciones? No está en el programa del 15-M, ni pertenece a su estrategia. Es obra de infiltrados ajenos al movimiento. “La violencia nos quita la razón y nos deja sin razones”, ha reconocido una de las portavoces de los Indignados.

Ante esta oleada de revueltas, no podemos permanecer callados y cruzados de brazos. Tenemos que reaccionar hablando y actuando. De lo contrario caeríamos en lo que, en un bello poema de 1994, Federico Mayor Zaragoza llama “delito de silencio”. ¡Fue premonitorio

JUAN JOSÉ TAMAYO
5 DE jULIO DE 2011