El Teólogo Juan José Tamayo presenta “Teologías del Sur. El giro descolonizador” de Editorial Trotta.

JUAN JOSÉ TAMAYO 5

EL TEÓLOGO PRESENTA ‘TEOLOGÍAS DEL SUR. EL GIRO DESCOLONIZADOR’ (TROTTA)

Juan José Tamayo: “La razón moderna europea es colonial, patriarcal y está vinculada al capitalismo”

“Que nos robe la esperanza es uno de los mayores latrocinios que está cometiendo el neoliberalismo”

Cameron Doody, 31 de diciembre de 2017 a las 15:57

RELIGIÓN | LIBROS

El colonialismo pervive y se manifiesta a través de la inferiorización, discriminación, subordinación y subalternización de todos los pueblos del Sur Global, sometidos al imperio económico, político, cultural e incluso religioso del Norte

 (C. Doody).- “El colonialismo sigue funcionando de manera sutil por la vía de imposición del modelo económico neoliberal, que realmente está fracasando, incluso en Europa”. Juan José Tamayo, uno de los más relevantes teólogos actuales, lanza semejante denuncia en su nuevo libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta): el resultado, dice en esta conversación con RD, de la “conversión vital” que vivió experimentando de primera mano los sufrimientos de los pueblos del Sur Global.

Hoy tenemos un invitado de excepción: Juan José Tamayo, uno de los teólogos con más renombre en España y en el panorama internacional.

Hasta hace muy poco, era profesor de teología en la Universidad Carlos III de Madrid. También es profesor invitado en muchísimas universidades del mundo.

Buenos días Juan José.

Buenos días.

Sigo siendo profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, porque me jubilé el 1 de septiembre pero el Consejo de Gobierno ha tenido a bien nombrarme profesor emérito. Así, que sigo en activo durante los próximos tres años. Como digo a veces, posiblemente tenga que ir con la cachava de mi padre a dar clases.

Hoy ha venido a presentarnos su nuevo libro, titulado Teologías del Sur. El giro descolonizador.

Me gustaría empezar recordándole unas palabras que escribió usted hace poco, en un artículo, presentado el libro: “es el resultado de un aprendizaje que comenzó con el despertar del sueño dogmático en el que viví inmerso durante mis estudios de teología y filosofía neoescolásticas”.

¿Cuándo cree que tuvo lugar este despertar suyo y qué fue lo que le despertó?

El despertar tuvo lugar con mi llegada a Madrid, el año 1969, ubicándome en la ciudad secular. Yo venía de una ciudad muy provinciana. Con todo el reconocimiento a los valores de mi provincia, yo no había visto el mundo más que a través de una celosía, que era la pequeña ventana que tenía en mi cuarto, durante los años de mi formación teológica en el seminario de Palencia.

Desperté del sueño dogmático cuando me di cuenta de que la teología que había estudiado daba respuestas del pasado a preguntas del presente.

Llego a Madrid y me encuentro con que nos habían cambiado las preguntas. Y yo, lógicamente, tenía que dar respuesta contextual a esas nuevas interrogantes de una ciudad secular, de una sociedad en transición hacia la democracia y de una serie de movimientos que luchaban por la libertad, la democracia, justicia, la amnistía y contra la pobreza. Es ahí donde me doy cuenta de que las respuestas de la dogmática que yo había estudiado no se correspondían con los desafíos que en ese momento estaba viviendo la Humanidad.

Este nuevo libro es bastante especial y muy diferente en comparación con los otros libros que ha escrito. ¿Es así?

Claro que es así. Empezando por el tiempo que he tardado en escribirlo. Mis libros generalmente son el resultado de una redacción de los meses que dura el proceso de gestación de un niño o una niña: nueve meses. Pero este ha durado más. La gestación de este libro ha durado dos años. Del 1 de junio del 2015 al 1 de junio del año 2017. Es el resultado de muchos estudios, muchas lecturas, muchas investigaciones y, sobre todo, de muchos viajes.

El libro lo he escrito según iba recorriendo los distintos lugares del Sur Global. Lo empecé precisamente en un lugar del Sur europeo, de la periferia de Europa, Portugal. Fue a raíz de la invitación que recibí de la Universidad de Coimbra para pronunciar en 2015 las conferencias en la Cátedra Boaventura de Sousa Santos, donde tuve oportunidad de convivir, dialogar, debatir y aprender de colegas e investigadores del Centro de Estudios Sociales en torno a las Epistemologías del Sur.

Lo terminé dos años después en otro lugar del Sur Global, esta vez en el Caribe, no porque fuera allí a descansar y tomar el sol, sino porque fui invitado en República Dominicana a dictar un curso sobre “Los nuevos paradigmas teológico en el siglo XXI” a los Misioneros del Sagrado Corazón, un ciclo de conferencias sobre la Teología de la Liberación en el Centro de Teología de los Dominicos, una conferencia en la Defensoría del Pueblo, y en Haití para un encuentro entre la religión vudú y el cristianismo.

El libro es el resultado de todo trabajo y de mi inmersión en el Sur Global, entendido, según el planteamiento de Boavantura de Sousa Santos, como la metáfora de la opresión que viven los pueblos marginados excluidos por mor del capitalismo, el patriarcado, el colonialismo, el racismo, la depredación de la naturaleza y los fundamentalismos.

Este libro, además, me ha sacado de otro sueño, donde yo estaba cómodamente ubicado: el de la razón moderna. Yo fui, durante varias décadas, una persona que interpreté el cristianismo desde la perspectiva de la modernidad: de la sociedad europea, democrática, ilustrada, religiosamente plural y económicamente desarrollada.

Este libro me ha sacado también de esa cómoda instalación porque creo que la razón moderna, habiendo hecho aportaciones extraordinarias, es una razón colonial, como demuestran el proyecto Colonialidad-Modernidad, la teoría del encubrimiento del Otro y las Epistemologías del Sur. La razón moderna europea es colonial, patriarcal y está vinculada al capitalismo. Y todo eso me ha obligado a “convertirme” al paradigma de las Teologías del Sur Global (asiática, africana, latinoamericana…

Explíquenos un poco porque, a lo mejor, los que nos están viendo o leyendo están pensando que la época del colonialismo terminó con la independencia de las naciones que estuvieron gobernadas por poderes europeos. Pero no es así: en su libro esto tiene otro enfoque, ¿verdad?

Una de las ideas que desarrollo, precisamente, es esa: la falsa imagen de que el colonialismo desaparece con las independencias de los pueblos coloniales. Esta es una independencia, si quieres, jurídica, pero ni siquiera política, porque el modelo de democracia que se va a instaurar en esos países es el modelo de democracia occidental sometida al asedio del mercado y con un elevado grado de corrupción.

Una de las cosas que más me han gustado en estos últimos días de los discursos del Papa en Myanmar y Bangladesh, y en algunas intervenciones anteriores, ha sido la crítica tan severa que hace de las democracias occidentales. Dice que estas intentan imponer sus valores y su cultura a costa de una serie de apoyos económicos que prestan a esos pueblos. Por eso, pienso que el colonialismo sigue funcionando de manera más sutil por la vía de imposición del modelo económico neoliberal, que realmente está fracasando incluso en Europa, como hemos comprobado con la crisis.

Por tanto, yo creo que el colonialismo pervive y se manifiesta a través de la inferiorización, discriminación, subordinación y subalternización de todos esos pueblos, sometidos al imperio económico, político, cultural e incluso religioso de Occidente o, mejor, del Norte Global.

Volviendo a lo que hablábamos antes de este despertar: ¿usted diría que el suyo es un despertar todavía teológico, que es político o es emocional? Porque estaba diciendo que visitó estos países del Caribe; República Dominicana y Haití, que son de los más empobrecidos del planeta.

Con este pensamiento: ¿estamos cruzando la línea hacia una política, o es todavía confesional por su parte?

Yo creo que ese despertar es múltiple. Primero es un despertar de la sensibilidad: no puedes elaborar una teoría de aquello que no has sentido y no has vivido.

Ciertamente, yo no soy una persona que viva en la periferia desde el punto de vista experiencial, pero por eso me he obligado a hacer todos estos viajes hacia el Sur Global; para conocer de cerca, vivir, solidarizarme con todas estas pobrezas, marginaciones y situaciones de desigualdad que, escandalosamente, se viven en el mundo actual.

Por tanto, sí, es una conversión vital: la conciencia me golpea, precisamente, porque he visto, he escuchado y he vivido esas situaciones de marginación y de pobreza de los diferentes pueblos.

Pero, al mismo tiempo, es un despertar desde el punto de vista político, en el sentido de que creo necesario liberar a los pueblos oprimidos del colonialismo, para que asuman su propio destino, se empoderen y reconozcan que tienen la misma dignidad que los pueblos que los están dominando y oprimiendo. Es, como diría Frantz Fanon, pasar del no-ser, al que los tiene sometidos el colonialismo, al ser.

Y todo eso se va a traducir luego en un despertar religioso, espiritual y teológico. Despertar religioso en cuanto he hecho una inmersión en las experiencias religiosas y espirituales de los pueblos del Sur y he descubierto la gran riqueza que tienen y que hemos despreciado desde Occidente, desde la razón moderna y desde la razón teológica europea.

Espiritual por todas las experiencias vividas con las comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes: identificación con la tierra, relación con los antepasados, procesos de democracia comunitaria, simbólica de relación con los diferentes elementos del cosmos considerados sagrados, incluso divinos.

Y el cuarto momento ha sido el despertar teológico, que me ha obligado a elaborar un nuevo relato teológico desde la perspectiva de los pueblos que están sometidos a los sistemas de dominación citados. Eso ha supuesto un cambio en la metodología y la epistemología.

Cuando leí el libro pensé que es muy necesario porque, -corríjame si me equivoco- es un libro que no se ha escrito nunca antes aquí, en España. Así que me gustaría preguntar por qué hay tan pocos teólogos que den el paso hacia esta conversión.

Yo creo, en primer lugar, que es porque todavía estamos cómodamente instalados en la razón moderna. Incluso los sectores teológicos más progresistas, que llevamos a cabo un diálogo entre el cristianismo y la modernidad, no hemos tomado suficiente conciencia de que la modernidad ha jugado y sigue jugando un papel fundamental en los procesos coloniales.

Pienso que, cuando estamos ubicados en la modernidad nos sentimos muy bien arropados y protegidos de los desafíos que proceden del exterior.

La modernidad no es solo un modelo civilizatorio que se caracteriza por la defensa de las libertades y los derechos humanos, el pluralismo político, la democracia representativa, el pluriverso religioso. Es también una especie de muro, de “caverna”, que te impide ver las realidades que están fuera del entorno moderno en el que vivimos.

Esto sucede incluso en el propio feminismo: buena parte del feminismo occidental me parece bastante estrecho, porque se centra casi exclusivamente en las discriminaciones de género y de identidad sexual. Eso es, ciertamente, muy importante, pero descuida otras discriminaciones que padecen las mujeres en otros entornos geoculturales. Por ejemplo: las discriminaciones étnicas, culturales, religiosas, sociales, económicas, etc., de las mujeres de las comunidades afro-descendientes, indígenas y campesinas de América Latina.

Ese es el problema: que la modernidad se convierte en una especie de muro que nos impide ver lo que sucede fuera de ella. Y salir a ese otro mundo descubres, por ejemplo, un límite muy importante de la democracia y es que está sometida al asedio del mercado. Y que además está herida, e incluso amenazada de muerte, por los distintos sistemas de dominación, que son, a veces, mucho más fuertes y poderosos que la democracia.

Cuando tú vas a esas comunidades y descubres, por ejemplo, todo el componente de democracia participativa, comunitaria, y entras en contacto con las teólogas feministas de ese entorno, te das cuenta de que tenemos una percepción y una mirada del mundo, desde Europa, muy estrecha.

Me gustaría mencionarle otra cita. Son unas palabras de Ernst Bloch, que son, entiendo, muy importantes para usted: “La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón”.

Hablando de esperanza: ¿es optimista con lo que nos depara el mundo, a nivel político, de cara al futuro? ¿Las cosas están cambiando, o no?

Me alegra la referencia a la afirmación del filósofo de la esperanza Ernst Bloch, que cito con frecuencia y que completo con otra del mismo autor basada en Hegel: “Si la teoría no está de acuerdo con los hechos, peor para los hechos”.

Por muy contradictorio que parezca, yo me definiría como una persona pesimista esperanzada. Pesimista, porque la realidad no da para ser optimista: estamos sometidos a los sistemas de dominación que he indicado anteriormente y que nos aplanan. Peor aún, uno de los objetivos de dichos sistemas es robarnos la esperanza, robársela a las personas y colectivos empobrecidos, que es, posiblemente, uno de los mayores latrocinios que está cometiendo el neoliberalismo.

Pero al mismo tiempo soy esperanzado, porque ese pesimismo no me lleva a cruzarme de brazos, sino que me induce a actuar, y la acción es ya de por sí una respuesta al pesimismo ambiente. Coincido con Antoni Gramsci cuando habla del “pesimismo de la razón y del optimismo de la voluntad”, y con José Carlos Mariátegui, que se refiere al “pesimismo de la realidad y el optimismo de la acción”.

Pero parece que en Occidente no se aprecia conciencia de culpabilidad, como fuera de desear.

No hay conciencia de culpabilidad. Me parece que este es otro de los “pecados” de Occidente. Se ha desembocado en un comportamiento cínico que no es sensible a las situaciones de marginación en que viven los pueblos fuera del Norte Global y que este crea. Por eso soy pesimista; porque no veo que desde el sistema, desde el poder -sea eclesiástico, político, cultural o económico- se puedan producir cambios.

Pero al mismo tiempo soy esperanzado porque debajo del hielo hay agua. El pesimismo puede explicarse porque se ve la superficie como una especie de gruesa planta de hielo, pero la esperanza, la “docta esperanza” (Bloch) se basa en la emergencia de los movimientos sociales portadores de utopía: ecologistas, feministas, pacifistas, Foro Social Mundial, diferentes foros regionales, nacionales.

Lo mismo cabe decir desde el punto de vista religioso y teológico. Soy pesimista si veo las religiones y sus teologías desde las instituciones jerárquico-patriarcales y de los magisterios oficiales. Pero soy esperanzado por la potencialidad liberadora de los encuentros teológicos del Sur y los diálogos entre religiones con sus compromisos por la paz fundado en la justicia, la defensa de la igualdad y de la no-discriminación por razones de género, etnia, cultura, religión, identidad sexual, clase social, procedencia geográfica, la denuncia de la violencia estructural y lucha, la creciente conciencia ecológica, etc.

Todo eso hace cambiar el paradigma de las religiones. Estas, que han sido instrumentos de dominación y de explotación de la naturaleza, de empobrecimiento de los seres humano, de legitimación del patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, de legitimación de las dictaduras o regímenes militares, ahora están emergiendo con una capacidad ético-liberadora extraordinaria, como fuerza de liberación.

Lo mismo cabe decir desde el punto de vista teológico: creo que estamos en el momento de mayor fecundidad teológica. El siglo XX fue muy creativo teológicamente, pero el siglo XXI está siéndolo todavía más. Ahora mismo estamos en pleno desarrollo de las teologías feminista, ecológica, indígena, negra afro-latinoamericana-caribeña negra africana, asiática, del pluralismo religioso, la mayoría de ellas poscoloniales. Estas teologías son analizadas a partir de sus textos, con-textos y pre-textos en el libro Teologías del Sur. A su vez, los movimientos liberadores que están en la base de estas teologías y mi implicación en ellos son lo que me convierten en una persona esperanzada, también teológicamente.

Y ciertamente, la inspiración fundamental que yo tengo para esta actitud es la de Bloch cuando decía la frase que tú has citado. A Bloch se le acusa de optimista ingenuo, pero no es verdad: Bloch decía que la esperanza “está teñida de luto”, pero el luto no nos llevan a lamentarnos, llorar y encerrarnos autistamente en nosotros, sino a trabajar por Otro Mundo, Otra Religión, Otra Iglesia son Posibles. ¡Y necesarios!

Me alegro de que haya mencionado a la Iglesia como una razón para la esperanza. Pensaba que no lo iba a hacer.

Bueno, no tanto la Iglesia romana, cuanto el cristianismo liberador de los pueblos del Sur. Pero sí.

Me ibas a preguntar algo.

Lo que iba a decir son dos cosas. Una es, que a lo mejor, estos cambios requieren otro modelo de Iglesia, que no impulsa la jerarquía, por ejemplo.

Y también iba a preguntarle por el Papa Francisco y su papel en este cambio que ha notado, o, por lo menos, en esta fecundidad que tiene la teología en el siglo XXI.

¿Ha notado algún cambio con Francisco -un papa del Sur- desde que ha llegado al pontificado?

Sí, un cambio muy importante, sobre todo de prioridades. Me parece que, con todos los respetos, los pontificados anteriores, los de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, estaban marcados por tres prioridades. La primera era la ortodoxia, la fidelidad a la doctrina, y eso explica que crearon ellos mismos numerosos heterodoxos y herejes a los que condenaron porque lo que les interesaba era preservar el depósito de la fe. Un depósito realmente muerto, porque una doctrina que no se explicita en una práctica resulta infructuosa, es estéril.

La segunda prioridad fue la moral relacionada con la sexualidad, el origen y el final de la vida, el modelo de pareja, la normatividad heterosexual, la binariedad afectiva y sexual.

La tercera prioridad era la disciplina. Tenga Usted en cuenta que con Juan Pablo II, bajo la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe de Benedicto XVI, se elaboró el Catecismo de la Iglesia Católica, que es la expresión de un dogma que, a mi modo de ver, ni siquiera tiene en cuenta los nuevos métodos históricos y los métodos hermenéuticos. Fíjese también que en esa época se reelaboró el Código de Derecho Canónico.

Yo no digo que Francisco quiera saltarse el dogma, ni el Catecismo, ni el Código de Derecho Canónico, ni que esté en contra de esta moral más clásica, pero no son sus prioridades. La prioridad fundamental del Papa Francisco es la preocupación por los problemas más agudos que vive y que sufre la humanidad. Por eso, cuando hace los viajes no va con el Credo constantinopolitano en el bolsillo, sino que empieza con un análisis crítico de la realidad.

Coincidí con el Papa Francisco el año pasado en su visita a México. Yo estaba en Chiapas en un Congreso sobre pueblos y comunidades indígenas y teología de la liberación, y quedé impresionado del análisis de la realidad tan certero que hizo durante su recorrido por las zonas más marginales de México. Era un conocimiento de los problemas reales, no de los problemas imaginarios que pudieran tener los otros papas o los obispos mexicanos que consideraban que lo más importante era ser fiel a la ortodoxia y cumplir la disciplina eclesiástica.

Para mí, lo más importante del Papa Francisco es que tiene antenas bien levantadas para conocer la realidad. Y el hecho de que haga tantos viajes, de que hay dejado de vivir en el Vaticano, le da una perspectiva muchísimo más amplia.

Pienso que, ahora mismo, aparte de que es el líder moral más importante del mundo, es una de las personas que mejor conoce la realidad mundial. Y, de manera especial, las situaciones de pobreza y marginación de todo tipo que se están viviendo.

Por tanto, ese ya es un cambio de prioridad fundamental. Y a partir de ese cambio de prioridad, se produce el segundo: qué respuesta o qué aportación, modesta siempre, puede hacer la Iglesia a esa problemática.

De alguna manera, los papas anteriores conectaban o respondían a esta idea que he expuesto anteriormente: cuando ya sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas. El Papa Francisco actúa al revés: cuando le han cambiado las preguntas, es sensible a ellas e intenta darles respuesta.

Entonces, ¿no le pedirías nada más?

Sí.

¿Está contento con el Papa?

Estoy relativamente contento; he pasado del pesimismo del comienzo a una situación de optimismo crítico en el presente. Digo el pesimismo del comienzo porque siempre pensé que de un papa a otro había poca diferencia. Y me equivoqué. Lo reconozco.

Por otra parte, desconocía en ese momento las aportaciones que hizo el cardenal Bergoglio en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de 2007 en Aparecida (Brasil). Me dejé llevar por algunas informaciones que le presentaban como cómplice de la dictadura, o, por lo menos, no suficientemente crítico. Pero buena parte de esos argumentos se me han ido desmontando en la medida en que voy viendo el cambio; primero en los gestos, segundo en el estilo de vida, tercero en sus declaraciones públicas y cuarto, en sus documentos.

Aun así, ese optimismo es crítico; no le concedo al cien por cien el reconocimiento a toda su actividad, como no se le puede conceder a nadie. Creo que hay dos o tres cuestiones que todavía él no ha abordado y que a mí me parece que son de urgente tratamiento para el cambio.

La primera es la situación de las mujeres en la Iglesia católica. El Papa Francisco prácticamente no ha dado un solo paso para la incorporación de las mujeres al protagonismo de la vida eclesial, para la incorporación de las mujeres al acceso a lo sagrado, al ministerio ordenado, para la incorporación de las mujeres a la elaboración teológica, etc. Tampoco ha dado ningún paso para facilitar la incorporación de las mujeres en las responsabilidades eclesiales. En estas cuestiones sigue existiendo un estancamiento.

Cuando el Papa dice, continuando el discurso de sus predecesores, que no es él quien niega el acceso de las mujeres al ministerio eclesial, sino que es el propio Jesucristo, está convirtiendo a Jesús en una persona patriarcal, cuando si algo caracterizó el movimiento que Jesús puso en marcha fue el de ser movimiento igualitario de hombres y mujeres.

En la Iglesia todavía estamos en la etapa de la discriminación de las mujeres y creo que habría que incorporar la teoría de género -no la “ideología de género”, como despectivamente la califican los obispos-, a todos los niveles teológico, moral en cierta medida, se está produciendo en las sociedades democráticas, aunque parcialmente.

¿Hay algún otro ámbito eclesial en el que se muestre crítico on el Papa?

Sí. Otro campo en el que estoy descontento es en todo lo que tiene que ver con la reforma de la Iglesia.

La palabra reforma viene pronunciándola el Papa reiteradamente desde el comienzo de su pontificado. Y reconozco que está poniendo todo su empeño en llevarla a cabo. Pero veo inadecuada la mediación utilizada para hacerla realidad. Me refiero a la creación de una Comisión de Cardenales que le asesoran en la reforma eclesial.

Todos son cardenales y, por tanto, príncipes de la Iglesia, de edades avanzadas. Todos son clérigos y célibes. No hay ningún teólogo, ninguna teóloga, ningún representante de las congregaciones religiosas que históricamente han contribuido y siguen contribuyendo a la reforma de la Iglesia.

Tampoco hay representación alguna de las congregaciones religiosas femeninas, ni de las comunidades de base.

Yo creo que el instrumento para la reforma de la Iglesia tendría que ser la creación de diferentes comisiones en las que estuvieran representados todos los sectores, y de manera muy especial los laicos y las laicas de todo el mundo.

El Papa está visitando estos días Myanmar. ¿Cómo valora este viaje?

Dos son las sensaciones que tengo. Me ha sorprendido que no haya citado la palabra rohingya. Pienso que el Papa tiene una hipoteca de la que debe liberarse: la de ser Jefe de Estado de la ciudad del Vaticano, que difícilmente se compagina con su liderazgo moral reconocido mundialmente y con su ejemplaridad evangélica.

El ser jefe de Estado le hipoteca en estos viajes porque son también visitas de Estado en las que, lógicamente, tiene que mantener unas relaciones diplomáticas con los gobernantes. Un jefe de Estado no puede echar en cara a estos, en el país al que va, unos comportamientos que son antidemocráticos, contrarios al respeto al pluralismo y a la diversidad cultural, como es el caso del Gobierno de Myanmar con los rohingya.

Por eso soy partidario de que la reforma de la Iglesia pase por que el Vaticano deje de ser un Estado, cosa que ya de entrada no parece muy evangélica, y que el Papa renuncie a ser jefe de Estado, cargo que puede poner en cuestión el merecido reconocimiento de autoridad moral a nivel internacional.

No olvidemos que la comunidad rohingya está marginada, perseguida y represaliada por determinados sectores del budismo, actores importantes en la represión, discriminación y exilio de dicha comunidad.

Pero quiero decir, también, que el Papa Francisco en Myanmar y en otras declaraciones está siendo muy claro y, en plena sintonía con mi libro -que le regalaré para Reyes-: ha criticado severamente el colonialismo cultural y ha dicho dos cosas muy importantes: a) que el colonialismo cultural es el que está potenciando el terrorismo; b) que Occidente impone el colonialismo a costa de unas ayudas económicas a los pueblos a los que coloniza. Y yo añado una tercera: que Occidente está imponiendo un modelo de democracia que está haciendo agua.

Como decía antes, un libro muy necesario. Y añado que también muy actual.

Para finalizar díganos qué proyecto tiene ahora. Cuál va a ser el siguiente paso.

El paso siguiente es un nuevo libro sobre el Islam -el primero fue Islam. Cultura, religión y política (Trotta, 2009, con numerosas ediciones y reimpresiones); el segundo Islam. Sociedad, política y feminismo (Dykinson, 2014)-, que voy a titular Hermano Islam. En él elaboraré una teología islamo-cristiana de la liberación.

Nunca me he apartado del paradigma de la teología de la liberación. Lo que he ido haciendo con el paso de las décadas, de mis lecturas, estudios, viajes y de mi evolución teológica, ha sido incorporar nuevos elementos a ese paradigma, que ha desembocado en una teología de la liberación intercultural, no solo occidental, interreligiosa, no solo cristiana, interétnica, no blanca, interdisciplinar, no solo intra-teológica, y feminista, más allá del patriarcado religioso basado en los dioses  varones y en las masculinidades sagradas.

Y dentro de ese paradigma voy a desarrollar esta teología islamo-cristiana de la liberación con estas características: contrahegemónica, en clave ética, en perspectiva feminista, en un horizonte descolonizador, en diálogo interreligioso e intercultural y en dirección a la utopía de Otro Mundo Posible, recuperando la mística y el sufismo como lugar de encuentro de las religiones y como superación de los fundamentalismos.

Decía Lévinas que la ética es la filosofía primera. Yo lo aplico a las religiones monoteístas y afirmo que la ética es la teología primera del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.

Pues aquí tienen ustedes un nuevo libro para disfrutar de Juan José Tamayo: Teologías del Sur. El giro descolonizador, editado por Trotta.

Juan José, muchas gracias por compartir su tiempo con nosotros.

Muchas gracias a Usted y a Religión Digital por dar a conocer este libro.

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El colonialismo sigue funcionando de manera más sutil por la vía de imposición del modelo económico neoliberal, que realmente está fracasando incluso en Europa

La conciencia me golpea… porque he visto, he escuchado y he vivido esas situaciones de marginación y de pobreza de los diferentes pueblos

Incluso los sectores teológicos más progresistas… no hemos tomado suficiente conciencia de que la modernidad ha jugado y sigue jugando un papel fundamental en los procesos coloniales

La modernidad es una especie de muro, de “caverna”, que te impide ver las realidades que están fuera del entorno en el que vivimos

Por muy contradictorio que parezca, yo me definiría como una persona pesimista esperanzada

[La falta de conciencia de culpabilidad de Occidente] se ha desembocado en un comportamiento cínico que no es sensible a las situaciones de marginación en que viven los pueblos fuera del Norte Global

No veo que desde el sistema, desde el poder -sea eclesiástico, político, cultural o económico- se puedan producir cambios

[En el siglo XXI] estamos en pleno desarrollo de las teologías feminista, ecológica, indígena, negra afro-latinoamericana-caribeña negra africana, asiática, del pluralismo religioso, la mayoría de ellas poscoloniales

Yo no digo que Francisco quiera saltarse el dogma, ni el Catecismo, ni el Código de Derecho Canónico, ni que esté en contra de esta moral más clásica, pero no son sus prioridades

La prioridad fundamental del Papa Francisco es la preocupación por los problemas más agudos que vive y que sufre la humanidad. Por eso, cuando hace los viajes no va con el Credo constantinopolitano en el bolsillo, sino que empieza con un análisis crítico de la realidad

Lo más importante del Papa Francisco es que tiene antenas bien levantadas para conocer la realidad

Aparte de que es el líder moral más importante del mundo, el Papa es una de las personas que mejor conoce la realidad mundial

El Papa Francisco prácticamente no ha dado un solo paso para la incorporación de las mujeres al protagonismo de la vida eclesial

El instrumento para la reforma de la Iglesia tendría que ser la creación de diferentes comisiones en las que estuvieran representados todos los sectores, y de manera muy especial los laicos y las laicas de todo el mundo

El Papa tiene una hipoteca de la que debe liberarse: la de ser Jefe de Estado de la ciudad del Vaticano

Soy partidario de que la reforma de la Iglesia pase por que el Vaticano deje de ser un Estado, cosa que ya de entrada no parece muy evangélica